¿Cuántas veces has dicho: "Esta vez sí que voy a empezar"? Compras ropa nueva para entrenar, organizas tu agenda, quizás hasta te apuntas al gimnasio o guardas una rutina de ejercicios en Instagram y, durante unos días, te sientes motivada. Pero entonces, algo sucede. Sientes pereza.
Estás cansada, tienes demasiado trabajo, no te sientes cómoda con tu cuerpo, te comparas con otras mujeres y te da vergüenza volver después de tanto tiempo. Te dices a ti misma que has perdido toda la forma física que tenías antes, porque un día dejaste de ir dejando a un lado tu rutina. Pasan las semanas, los meses y sin darnos cuenta ya se nos ha pasado un año.
Entonces vuelves a pensar: "Necesito empezar a hacer ejercicio otra vez". Pero volver a empezar parece mucho más difícil de lo que debería ser.
Con mi experiencia puedo decir, que lo dificil es comenzar y aquí hay algo importante que quiero que entiendas: Quizás no te falte disciplina, tal vez estés intentando empezar mientras cargas con emociones que hacen mucho más difícil dar ese primer paso.
Empezar no es Solo una Decision Fisica
Cuando pensamos en comenzar una rutina de ejercicios, solemos verlo como una cuestión de logística y decimos; solo necesito sacar una hora, solo necesito ir al gimnasio. solo necesito ser constante. Sin embargo, nuestro cuerpo no funciona independientemente de nuestras emociones.
La forma en que nos sentimos influye directamente en las decisiones que tomamos, en nuestros niveles de energía, en nuestra motivación e incluso en nuestra capacidad para hacer algo que sabemos que nos haría bien. Por eso, para algunas mujeres, ponerse las zapatillas y salir a caminar puede parecer una tarea sencilla. Mientras que para otras, puede representar mucho más.
- Puede significar enfrentarse, una vez más, a un cuerpo con el que no se sienten cómodas.
- Puede significar recordar una época en la que estaban en mejor forma física.
- Puede despertar sentimientos de culpa por haber dejado de hacer ejercicio
- Puede desencadenar el miedo a no poder realizar los ejercicios que solían hacer.
- O, simplemente, puede surgir la sensación de: ¿Para qué empezar si voy a acabar dejándolo otra vez?.
Esa última pregunta puede tener más fuerza de lo que imaginamos, la culpa no siempre nos ayuda a empezar. Muchas mujeres intentan retomar el ejercicio impulsadas por la culpa.
Errores de Pensamientos:
- Llevo una vida demasiado sedentaria
- He estado comiendo fatal.
- Necesito perder peso.
- Ya no me veo como antes.
- Debería hacer más cosas.
- Creemos que sentirnos mal con nosotras mismas nos dará la motivación necesaria para cambiar.
El gimnasio deja de ser un lugar al que vamos para cuidar nuestro cuerpo y pasa a sentirse como un sitio al que tenemos que ir porque algo "anda mal" en nosotras. Y nadie quiere volver voluntariamente a un lugar que se percibe como un recordatorio constante de todo lo que creemos estar haciendo mal.
Miedo a Volver a Empezar
Hay una emoción de la que rara vez hablamos: el miedo. Puede ser, miedo a no estar lo suficientemente en forma. miedo a levantar menos peso, miedo a sentirse observado, miedo a no saber qué hacer, miedo a compararse con los demás, miedo a sentirse fuera de lugar, miedo a fracasar de nuevo. Puede que incluso exista el miedo a crearse expectativas. Porque tal vez has empezado muchas veces antes, y cada vez que lo dejaste, es posible que una pequeña parte de ti aprendiera a sentir las razones por la cual no tengo los resultados deseado.
- Nunca soy constante.
- Siempre termino rindiéndome.
- El ejercicio no es para mí».
Así que, cuando decides empezar de nuevo, no solo intentas crear una rutina. También intentas desafiar una historia que llevas mucho tiempo contándote a ti mismo.
Existe la creencia generalizada de que necesitamos sentirnos motivados antes de pasar a la acción. Sin embargo, a menudo sucede al revés, la acción puede generar motivación.
El desafío radica en que, para pasar a la acción, el primer paso debe percibirse como algo alcanzable. Si pensamos que "volver al gimnasio" implica entrenar cinco días a la semana, hacer una hora de cardio, levantar pesas y cambiar nuestra alimentación, todo a la vez, es probable que nuestro cerebro lo perciba como una tarea titánica. Cuando algo nos resulta abrumador, es mucho más fácil posponerlo. Por eso, empezar poco a poco no significa que te falte ambición, sino que estás ayudando a tu cerebro y a tus emociones a sentirse capaces de participar en el proceso.
Consideremos el empezar signifique salir a caminar durante 20 minutos,. Tambien, puede que implique ir al gimnasio dos veces esta semana. Otra opcion es asistir a una clase que realmente disfrutes. O tal vez simplemente signifique ponerte ropa de deporte y salir de casa. Tu objetivo inicial no tiene por qué ser transformar tu cuerpo; puede ser recuperar la confianza en ti mismo.
Retomar el ejercicio tras años de ausencia puede sentirse como empezar de cero.
Una de las razones por las que cuesta tanto volver a la actividad física es la creencia de que deberíamos poder retomar las cosas justo donde las dejamos. Esta claro que no es necesario comparar tu cuerpo actual con el que tenías hace cinco años. Recuerda que tu vida tampoco es la misma. Tambien puede de que tengas responsabilidades diferentes, tu trabajo haya cambiado, seas madre, quizás hayas pasado por momentos difíciles, tus prioridades hayan cambiado y la que mas me gusta menciona, que simplemente, has vivido, que ha sido lo que he agregad. Todo esto está bien.
No tienes que volver siendo la misma mujer que eras cuando solías hacer ejercicio, recuerda que puedes empezar justo donde estás hoy sin castigarte, sin sentir vergüenza, sin tener que demostrar nada.
Tu cuerpo no necesita ser castigado para merecer moverse, no necesitas odiar tu cuerpo para empezar a cuidarlo, puedes querer perder peso y, al mismo tiempo, tratarte con respeto, puedes querer ganar fuerza sin sentir que tu cuerpo actual no es suficiente. Puedes querer hacer cambios fundamentales y, aun así, disfrutar del cuerpo que tienes hoy.
El ejercicio puede ser una forma de autocuidado, no una manera de pagar por lo que comiste, tambien uede ser un espacio para liberar el estrés y a la vez sentirte fuerte. El ejercicio ayuda a dormir mejor, despeja la mente y llegas a conectar mejor contigo misma mujer.
A veces creemos que para lograr un cambio necesitamos más disciplina, fuerza de voluntad o motivación, cuando en realidad lo que necesitamos es escucharnos y comprender qué nos está frenando. Empezar de nuevo tras meses o años no significa que hayas fracasado; significa que estás eligiendo cuidarte otra vez.
No tienes que ser perfecta ni transformarte en la mujer más disciplinada de la noche a la mañana. Empieza poco a poco justo donde estás hoyy recuerda que, cada vez que decides ponerte en marcha, también estás construyendo una relación más amable y fuerte contigo misma.
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