Durante mucho tiempo, muchas mujeres vivimos pensando en todo aquello que no debemos comer. Nos acostumbramos a decirnos que los restaurantes, los postres, las cervezas, los cócteles y ciertos desayunos son enemigos de nuestro peso. Nos convencemos de que para cambiar nuestro cuerpo primero tenemos que eliminar todo lo que disfrutamos. Sin embargo, a veces detrás de esos deseos existe una necesidad psicológica de experimentar aquello que durante años sentimos que nos estábamos perdiendo. Y antes de comenzar un verdadero cambio necesitamos quizás cerrar esa etapa desde la conciencia y no desde la prohibición.
Por experiencia puedo confirmar que de nada nos sirve someternos 8 meses, un año, tres años o cualquier que sea el tiempo de nuestro enfoque a una rutina de alimentacion limitado enfocada solo en lograr un objetivo sin primero haber hacho un trabajo psicologico como preparacion al cambio para que sea permanente.
Este proceso psicologico tiene como objetivo sanar nuestra relacion con la comida, nos permite conocer nuestro cuerpo, tambien identificar nuestras debilidades y fortalezas para usarlas a nuestro favor. Educar nuestra mente y hacer conciencia sobre nuestra alimentaciones una larga jornada.
Imaginemos entonces un año diferente, un año en el que decidimos experimentar todo aquello que alguna vez sentimos que no podíamos hacer. Durante ese tiempo podemos desayunar en restaurantes, comer fuera casi todos los días, probar diferentes postres, tomar cócteles, disfrutar de cervezas y permitirnos comer a distintas horas. No necesariamente porque queramos de peso, sino porque queremos aumentar descubrir qué ocurre cuando dejamos de idealizar aquello que siempre nos hemos prohibido. Puede ser una experiencia para conocer nuestros deseos, nuestros hábitos y la relación emocional que tenemos con la comida. Después de vivirlo conscientemente, quizás descubramos que algunas cosas ya no tienen el mismo poder sobre nosotras.
Nuestro cuerpo también puede comenzar a reflejar esos hábitos, especialmente cuando disminuye la actividad física y aumentan las comidas fuera de casa, las bebidas alcohólicas, los postres y las porciones abundantes. Es posible que el peso aumente y que nuestro cuerpo cambie durante ese período. Esto no significa que hayamos fracasado ni que nuestro cuerpo merezca ser castigado por las decisiones que tomamos. El peso puede ser simplemente una señal de que nuestros hábitos actuales están produciendo determinados resultados físicos. Aprender a observar esos resultados sin culpa puede ayudarnos a tomar decisiones más conscientes.
Existe una diferencia importante entre comer algo porque realmente lo deseamos y comerlo porque sentimos que mañana volverá a estar prohibido. Cuando vivimos bajo muchas restricciones, algunos alimentos pueden convertirse mentalmente en objetos de deseo mucho más grandes de lo que realmente son. Por eso, permitirnos experimentar puede ayudarnos a comprender que comer un postre no significa que perdimos el control. También podemos descubrir que disfrutar un cóctel ocasionalmente puede ser suficiente y que no necesitamos convertirlo en una rutina diaria. La verdadera libertad comienza cuando podemos elegir sin sentir que estamos viviendo entre prohibiciones y excesos.
Después de un año de vivir esa experiencia, puede aparecer una pregunta mucho más profunda: ¿realmente quiero seguir viviendo de esta manera? Quizás descubramos que nos encanta salir a desayunar, pero no necesitamos hacerlo todos los días. Quizás nos guste un buen postre, pero ya no sentimos que tenemos que comerlo cada vez que aparece frente a nosotras. Quizás disfrutemos de una cerveza o un cóctel, pero entendemos que pueden formar parte de una vida equilibrada sin convertirse en una costumbre cotidiana. Y quizás también comencemos a extrañar sentirnos ligeras, tener más energía y mover nuestro cuerpo.
Aquí es donde puede comenzar un cambio diferente, porque ya no nace el deseo de castigarnos por lo que hicimos. Nace de haber experimentado, aprendido y comprendido cuáles son las consecuencias de nuestros hábitos. En lugar de decir “nunca más voy a comer esto”, podemos comenzar a decir “quiero aprender a seleccionar mejor”. Seleccionar significa decidir qué queremos comer, cuándo queremos comerlo, cuánto necesitamos y qué lugar ocupa dentro de nuestra vida. Es pasar de una mentalidad de prohibición a una mentalidad de elección.
Comer balanceado no significa eliminar para siempre los alimentos que disfrutamos. Significa aprender a construir una alimentación en la que existen diferentes tipos de alimentos y en la que las experiencias especiales realmente sean especiales. Podemos disfrutar de un desayuno dominicano en un restaurante y también preparar una comida nutritiva en casa. Podemos salir a cenar y al día siguiente volver naturalmente a nuestros hábitos habituales sin sentir que necesitamos castigarnos o compensar. La clave está en que una comida o un día no definen nuestro estilo de vida completo.
El ejercicio también puede cambiar completamente de significado cuando dejamos de verlo como una herramienta para pagar por lo que comamos. Nuestro cuerpo necesita movimiento no solamente para controlar el peso, sino también para mantener fuerza, movilidad, energía y bienestar. Caminar, bailar, entrenar, nadar o practicar cualquier actividad que disfrutemos puede convertirse en una forma de conectarse con nuestro cuerpo. Cuando dejamos de utilizar el ejercicio como castigo, es más fácil convertirlo en una práctica que queremos mantener durante años. El objetivo deja de ser quemar lo que comemos y comienza a ser cuidar el cuerpo que queremos habitar.
También es importante reconocer que no todas las mujeres necesitan pasar un año comiendo de esta manera para superar una sensación de privación. Para algunas personas, una estrategia de exposición tan prolongada podría resultar contraproducente, especialmente si existe una relación complicada con la alimentación. Lo importante es entender el principio detrás de la experiencia: dejar de vivir bajo la sensación permanente de que ciertos alimentos están completamente prohibidos. La libertad alimentaria no significa comer sin límites, sino desarrollar la capacidad de elegir con conciencia. Si existe una relación difícil con la comida o con el peso, buscar orientación de un profesional de la salud puede ser una decisión muy valiosa.
El verdadero cambio comienza cuando dejamos de preguntarnos solamente cuánto queremos pesar y empezamos a preguntarnos cómo queremos vivir. Queremos sentirnos bien con nuestras decisiones, tener energía, disfrutar de la comida y cuidar nuestra salud sin vivir obsesionadas con cada caloría. Queremos poder entrar a un restaurante y elegir lo que realmente queremos, pero también queremos saber cuándo nuestro cuerpo necesita algo diferente. Queremos disfrutar de la vida sin convertir cada placer en una excusa para abandonar nuestros objetivos. Queremos construir una rutina que podamos mantener no durante treinta días, sino durante muchos años.


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